“Ignorantes e ignorantas”

Al hilo de lo que comentamos a veces en clase (sobre todo en 2º) sobre hipercorrección lingüística, obsesión con lo políticamente correcto y aberraciones del lenguaje, os dejo este más que interesante artículo que os arrancará una sonrisa.

http://www.elclubdeloslibrosperdidos.org/2015/06/sobre-ignorantes-e-ignorantas.html

 

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Nueva app de mitología y cultura clásica.

χαίρετε μαθηταί

Gracias a nuestros amigos de portalclasico.com y culturaclasica.com ha llamado mi atención la creación y puesta en marcha de una nueva aplicación para android que incluye contenidos, juegos, imágenes y mucho más sobre mitología y cultura grecorromanas. Aún no he tenido tiempo de explorarla como se merece pero a simple vista promete. Os animo a que aquellos de vosotros que utilizáis smartfone o tablet os la descarguéis desde el portal de Googleplay. Es completamente gratuita.

Aquí os dejo un enlace con más información al respecto:

http://portalclasico.com/gotmythos-classic-nueva-app-para-android-sobre-mitologia-clasica

Las lenguas “zombis”.

Una amiga socióloga ha tenido el detalle de escribir para vosotr@s este artículo. Lo reproduzco tal cual.

“Gadea me pidió que escribiera un relato sobre mi relación con el Latín y el Griego. Así que esto no es más que eso, un relato u opinión, que por tanto vale lo que el lector quiera que valga.

No soy lingüista, ni tengo una especial relación con el mundo de los idiomas. Soy socióloga, y mi campo se relaciona sólo tangencialmente con el habla y la escritura. A veces como herramienta para análisis discursivo, a veces simplemente como forma de ordenamiento y expresión de investigaciones, resultados, trabajos diversos, opiniones más o menos técnicas… Tampoco os voy a aburrir con esto.

De hecho, no solo no quiero aburriros, sino que tampoco pretendo hacer una defensa  maniquea de las lenguas zombis – se supone que están muertas pero siguen tan vivas como siempre –. Así que vayamos al “quid” de la cuestión.

Soy disléxica. Para aquellos que no sepan que quiere decir, dejémoslo en que es un problema del aprendizaje que, en el mejor de los casos, te hace parecer “tonto” o “inculto” – así lo veían la mayoría de las personas hace 30 años – en base a que dificulta la expresión hablada y escrita, o directamente la comprensión de normas básicas gramaticales y ortográficas. Cuando el único corrector ortográfico que se utiliza es la “colleja” de algunos adultos, creedme que puede ser un drama, y eso que mi caso no es de los peores.

Bien, con la ayuda de mis padres, algún psicopedagogo muy competente y mucho esfuerzo lo fui superando. Sin embargo hasta que me decanté por el bachillerato de letras puras no apareció una solución real.

Gracias a mi profesor – Segis, un hombre tan corpulento como comprometido –  el Latín y el Griego se convirtieron en herramientas muy útiles. Resultó que nuestro idioma y lenguaje venían de algún lado. Las normas ortográficas y gramaticales, las palabras – incluso los tacos – tenían un origen y no eran el resultado de algún tipo de suerte maléfica y endemoniada. Había reglas claras y lógicas que no solo eran aplicables al Castellano, sino a cualquier idioma romance, u otros que se declinaran – como el Alemán – .

Desde entonces siempre que dudo al escribir una palabra – en este texto más de una y más de dos –, aplico las normas de derivación latina y griega, que me resuelven las dudas casi siempre. Las cosas que no quiero que nadie más lea – algún diario adolescente, y más de una nota personal en un cuaderno cualquiera –, las escribo en Español pero con el alfabeto griego. En mis escarceos idiomáticos con el Inglés, Francés y Alemán, tengo problemas, pero bastantes menos que la media. Y por último y más gracioso, idiomas que no he estudiado, pero que derivan del Latín y el Griego, puedo leerlos y traducirlos “contextualmente” – una comprensión mínima, pero comprensión al fin y al cabo – con bastante facilidad. Y,  señores, estamos hablando de muchos idiomas: Portugués, Italiano, Catalán, Valenciano, Gallego…

Se me quedan en el tintero otras cuestiones:  los términos médicos –  donde una hepatitis es el proceso inflamatorio del hígado –, las formas semicultas que permanecen en nuestro idioma,  muy útiles y descriptivas a la hora de referenciar términos malsonantes –  donde un lupanar es igual a puticlub –  … pero no hace falta, dije que no quería aburrir.

¿Quién da más? Busquen, comparen, decidan, difundan… pero sobre todo siéntanse armados hasta las trancas, porque, al menos en este sentido, jamás serán derribados.”

B. H. T.